10 mar. 2015

Cuando menos es más.


Llevaba mucho tiempo sin escribir una sola letra. Tan solo unas breves líneas cargadas emocionalmente con deseos de paz y serenidad en un tiempo en que se presta a ello. Y es que cuando las aguas no van por su cauce normal, uno se deja abandonar ahogado en la incertidumbre de no saber por donde discurrirá a partir de ahora su camino.

La maldita lesión en el Tubérculo de Gerdy me ha tenido apartado del running casi cuatro meses. Y digo de correr, que no de la sierra y de la actividad física. A medida que el tiempo extiende su mano sobre nosotros y va dejando su huella en nuestras piernas y arrugas reconfigurando una nueva forma a la materia, siempre me digo lo mismo: "Cuando no puedas correr, monta en bici, cuando no puedas montar en bici, camina, y cuando ya no puedas hacer nada de esto,....¡reza por tener la consciencia suficiente como para poder viajar en los recuerdos de tantas rutas y sensaciones vividas con cada zancada!".

Las breves incursiones de MTB por Valdehierro junto a Segun, Miguel, Antonio o Paquito, las sesiones en el gym con mi grupo de HIIT, o  el seguimiento presencial de los atletas a los que ayudo a conseguir sus metas y sueños viéndoles cubrir cada objetivo cuidadosamente señalado en la planificación de la temporada y verles felices consiguiéndolos, al menos me han dado la oportunidad de sentirme activo y funcional.

                 

Ahora ya, lista mi rodilla y entrenando como es costumbre habitual en mis rutinas diarias, pienso que, de nuevo, esta lesión va a marcar un antes y un después en mi vida deportiva como cuando a los 38 años me dí cuenta que había llegado el momento de pensar en objetivos de otro tipo en vez de pensar en hacer podiums y marcas personales en maratón, mi especialidad. Pero no me importa, porque ante todo lo que más me gusta es correr por el monte y sentirme libre. Le puedo dar a mi cuerpo la velocidad que deseo, reducirla cuando me apetezca, saltar entre rocas o quedarme extasiado pegado a ellas por un instante o por una eternidad, subir a una cresta y bailar entre riscos al filo de lo imposible y gritar exhausto que soy libre a los cuatro vientos, mientras, al alba, el sol sale de nuevo bello y majestuoso como cada día por Tabernillas.

Me he quedado sin el sueño de mi gran objetivo de la temporada, la Ultra Serra de la Tramuntana. Pero no me preocupa. Porque ella me ha susurrado entre sueños mientras dormía que esté tranquilo, pues me espera el año próximo para acogerme con ternura bajo la brisa del mar Mediterráneo y hacerme sentir especial de nuevo por la belleza de la sierra Mallorquina de la cual me siento terriblemente enamorado.

Y ahora,  camino ya de Pollença, dejando atrás al Galatzó y Puig Major, Deià y el Barranco de Biniaraix disfrutaré soñando con correr sintiéndome libre, saltando y bailando entre riscos mallorquines mientras se van cubriendo otros objetivos más cercanos en la Sierra de Guadarrama, otra que tiene mi corazón más que partido.



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